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21.3.09

LA VIA DEL PRESENTE

GRUPOS
por Daniel Scian - danielscian@gmail.com

Nacemos absolutamente dependientes, nos lleva seis meses poder estar sentados y un año caminar. Esa dependencia es una marca de fábrica ineludible que nos hace crecer el impulso poderoso de la búsqueda de independencia, de individualidad, el deseo de ser seres únicos.

Lograr el equilibrio entre estos dos extremos es una tarea ardua como pocas y, lo peor, casi nunca nos damos cuenta de la necesidad de ese logro.

Toda la vida se desarrolla en grupos: familia, escuela, clubes, cárceles, monasterios, ministerios, amigos, enemigos, sectas, cofradías, y las mil variantes de todo eso. Y toda la vida andamos por ahí deseando diferenciarnos del grupo que sea, descollando, pasando desapercibidos, siendo víctimas o victimarios, buscando la soledad más absoluta o la gloria humana máxima.

Quien puede darse cuenta de la trampa que hay en esos extremos puede comprender la necesidad del equilibrio aquel y sabrá, tarde o temprano, que no hay salida en la soledad sino que el gran trabajo está en la vida en grupo.

Aquí empieza el gran lío. Uno busca siempre grupos a medida para no cambiar nada, para tener razón. Una hermandad que se plantea mis mismos principios, un club de cultores de mis mismos placeres, una escuela que desarrolle lo que yo ya sé que tengo que desarrollar (mi capacidad de cantar, mi condición de ingeniero o abogado o lo que sea, mi habilidad en el yoga). En un proceso contra la corriente es posible ver que se necesita aprender a ser UNO, individuo (sin divisiones) dentro del mundo, y que eso supone un trabajo de destrucción más que de construcción. Esa es la clave y por eso el gran error es el concepto de construir algo. Porque estamos férreamente entrenados para no perder, no cambiar, conservar, todo dentro de aquel impulso de ser uno mismo… una contradicción sutil y poderosa.

Los grupos de buscadores que se proponen estos cambios en sus integrantes se enfrentan a los mismos inconvenientes, porque tienden a conservar algo, una tradición, un cuerpo de creencias, un dogma, cuando lo único útil en esta tarea es la destrucción de todo lo aprendido que se opone al brillo de lo que uno es en esencia.

El grandísimo descubrimiento psicoanalítico de la transferencia es fundamental para entender esto: inevitablemente uno inviste a los otros –y aún más a los líderes, jefes y autoridades- con características y peculiaridades de gente que puebla nuestro mundo interno y nuestra historia personal. Por eso es que en todo grupo hay sometidos y sometedores, sumisiones y consecuentes rebeliones. Me someto al autoritarismo de un guía por su función paterna o al refugio de un jefe maternal. Pero quien dirija un proceso verdadero en un grupo que se proponga realmente liberar lo esencial en sus miembros no puede hacer otra cosa que salirse por todos los medios posibles de esos lugares regresivos de padre o madre. Y sus integrantes tienen en ello la batalla más difícil, la de descubrirse buscando lo errado y volver a los objetivos verdaderos, la de superar el jueguito de la alternancia entre sumisión y rebelión. Mientras yo le tenga miedo a mi guía tengo mucho por resolver, y en tanto siga en mí el impulso rebelde, seguiré anclado a mi lucha infantil por salir del cascarón.

La vida de cada uno es un plan de estudios bien organizado, pero siempre está la opción de abandonar y en ese caso la enseñanza queda invariablemente en manos del placer y del dolor. Por desgracia, el dolor es más elocuente y más didáctico que el placer.

No todo el mundo sufre esa lucha entre el impulso de la soledad y el de la integración; hay muchísima gente que vive naturalmente inmersa en el mundo, entre los otros, gente a la que le resulta extraña aquella dualidad y no logra comprenderla.
Estas personas tienen otro trabajo a realizar, puesto que necesitan concebir la idea de la soledad, de la posibilidad de estar a solas en uno mismo y de que eso sea algo bueno.
Todo el mundo social está diseñado para evitarlo, para salvarnos de caer en los oscuros abismos de nuestros interiores y todo está preparado para que nos sea infinitamente más fácil llorar por alguna discreta desgracia ajena que por algo propio. El instrumento máximo para lograr esta cirugía de la atención es la televisión. El prodigio de esta increíble máquina y maquinaria es que logra suprimir la culpa. La televisión nos deja sentir cualquier cosa sin culpa, desde perder absolutamente el tiempo –cosa altamente penada con el remordimiento más incisivo- hasta valorar lo más insignificante sin que ninguna prioridad se vea conmovida: puedo postergar un encuentro o conversación valiosos por un partido de loqueseabol, un programa “de interés general”, un desfile de modelos, sin sufrir. Si decidiera hacerlo –postergar eso- para estar solo en mi casa no tardaría en llenarme de cuestionamientos internos acerca de mi egoísmo o cosas “peores”.
Ocurre que la televisión constituye un modo de integración, es un estar con los otros y, por lo tanto, es un cumplir con el mandato de no apartarse. Claro que es un espejismo, una paradoja, pero funciona. Hace unos años había una propaganda de un programa de TV altísimamente inútil que decía: si no lo ves el sábado, ¿de qué vas a hablar el lunes?
Todo esto vale, claro, para la maquinaria, para el fenómeno social en que se ha convertido la TV, y no para la máquina, el instrumento en si.
En realidad, pasa con la TV lo mismo que con cualquier instrumento: el grupo, la aldea, la tribu mental protege a sus integrantes usando las cosas para aglutinar, unir, integrar, a como dé lugar, en un mecanismo simplificador y sin matices.
Las religiones, por ejemplo, fueron, en su origen, instrumentos para dar un salto evolutivo, para que las personas pudieran trascender, es decir, volverse individuos, indivisos, seres concientes y sin divisiones en su interior, capaces de alcanzar una integración máxima con el todo para rediseñar desde ahí, desde ese estado, todos los vínculos y, por supuesto, también los vínculos con los otros hombres. En su lugar, con una rapidez vertiginosa, han logrado volverse otras tantas maquinarias para la integración compulsiva y coercitiva, generadoras de nuevas tribus aisladas y combatientes entre si.
Y así con toda creación de la humanidad, desde la ciencia hasta el arte, pasando por la filosofía y la religión.

Es por eso que se vuelve tan necesario el trabajo en grupo, la tarea de reaprender a estar en el mundo, y en el primer mundo que habitamos, o sea, el del grupo humano.
Y es por eso que es tan difícil, tan lleno de trampas, fantasías e ilusiones que distraen y confunden.
Seguir las tres instrucciones básicas del Manual del Buscador sirve para cortar de raíz muchos de los modos de confusión, puesto que el esperar del otro es la causa fundamental del no hacer y no resolver de uno.


1) Asombrosamente, la vida en este siglo hace que tengamos una creciente distancia de todo lo real y natural. Un niño puede crecer “protegido” del mundo real, de la naturaleza, y llegar a adulto sin saber a ciencia cierta qué hay allá afuera. Salvo por las versiones que le llegan por los media, siempre instrumentos del grupo, de la tribu.

15.12.08

LA VIA DEL PRESENTE

EMOCIONES
por Daniel Scian


No es exagerado afirmar que la parte mas ardua y difícil de este verdadero trabajo (y que es conocido desde hace tiempo como “trabajo sobre si”) es la que se ocupa de las emociones.
En una antigua alegoría que compara al hombre con un carruaje, ellas corresponden a los caballos que tiran de él. Claro, la palabra emoción se refiere a e , hacia fuera, y moción , movimiento, es decir, aquello que nos mueve hacia fuera, ese movimiento que surge de nuestro interior y que nos lleva hacia las cosas. Podemos pensar que ese es el aspecto activo de una fuerza que, en su aspecto pasivo conocemos como sentimiento. O sea, hay una corriente de influencia del mundo hacia mí que se concreta en los sentimientos, y una corriente de reacción de mí hacia el mundo que se expresa en las emociones.
Como caballos sin domar, ellas pueden llevarnos lejos… en direcciones equivocadas, absurdas o peligrosas. Pero intentar domarlas siempre genera una gran cantidad de sufrimiento inútil, de modo que mejor es entrenarlas para que nos ayuden a lograr nuestras metas. Preguntas tan sencillas como quien soy, adonde voy, de donde vengo, obligan a poner todas las cosas en perspectivas reales y en seguida ubican a las emociones en contextos objetivos. La alegría de danzar en la cubierta del Titanic se corrige luego de esas preguntitas, pero también lo hace la rabia de perdernos nuestro programa favorito o la tristeza de que nuestro equipo fue derrotado.
Mucho de lo que creemos sagrado o superior no es más que emoción y las lágrimas que nos provocan se parecen a las que caen ante una novela o película. Distinguir el nivel de las emociones del de fenómenos elevados es tarea básica para no perder tiempo y valiosa energía en perseguir estados ilusorios e inútiles. Es tremendo pensar que tanta gente que busca ampliar su mundo interior con sustancias solo consigue arruinarse el hígado o el cerebro para recorrer emociones de un catalogo limitado, previsible. Pero también se puede obtener iguales fracasos con instrumentos aparentemente mejores como la meditación o cualquier técnica parecida. Obviamente, no estoy diciendo que la meditación sea mala… ni que las drogas lo sean, sino que son simples instrumentos que van a darnos solo lo que tengamos ordenado en nuestras emociones. Por eso no es lo mismo tomar peyote para un indio reunido con su pueblo en un mitote (reunión periódica que tiene el objetivo de obtener cierta iluminación) que para un habitante de la ciudad, ni es lo mismo meditar con la disciplina del que tiene por meta conocerse que hacerlo como tomar valium.
Las obras de arte que nos llevan cerca de estados sublimes nos recuerdan que mas allá del placer o displacer, por encima de nuestras emociones, hay otras experiencias posibles que nos exigen volar alto. Es el recuerdo de nuestra naturaleza evolutiva que no debería estancarse en la aparente calma de las emociones cristalizadas que llamamos estabilidad. Tener el temple de avanzar por el mar de los estados interiores es una estabilidad muy distinta de la que resulta de quedarnos en la orilla a jugar.
Pero en la vida cotidiana lo que realmente importa es el control de las emociones cuando, desbocadas, nos descarrilan a cada instante, lo cual no se consigue sino con esfuerzos correctos y practica constante.
Y el trabajo se inicia en la observación de si, en darse cuenta de las emociones antes de intentar cualquier control. Un ejercicio útil es el de tratar de distinguir, en cada momento, emociones de pensamientos y de sensaciones físicas: no es lo mismo fastidio o angustia que frío o dolor ni que la idea de que tengo que pedir un turno al dentista. Y otro trabajo para siempre es el de discernir entre mis emociones y las de los demás, porque la mayoría de nuestros estados negativos proviene de confundirlas. Si a mi lado hay alguien triste, no hay lógica que me obligue a compartir su tristeza o a verme contagiado por su estado, porque no me pertenece, y porque me vuelve inútil frente a ello, al igual que un enfermero que ante el dolor de un paciente se pusiera a llorar con el en lugar de confortarlo o atenderlo.

Lamentablemente hacemos un culto de ese contagio inútil al que llamamos solidarizarnos, y olvidamos el valor de trabajar constantemente para desarrollar una actitud positiva que, por otra parte, es lo que resulta de verdad útil para el otro. Cuando uno siente el noble deseo de ayudar a la humanidad debe saber que la mas importante contribución que puede hacer es la de ser una persona normal, lo mas feliz que pueda, y hacer todo lo que este a su alcance para no ser un problema ni un estorbo para los demás. La humanidad, agradecida. Por eso, conocer mis emociones, no estar a su merced, alimentarlas con positividad, no descansar en la tarea de ser libre, todo eso constituye un esfuerzo útil.
La positividad de la que hablo no es una conformidad o adecuación resignada sino, todo lo contrario, una fuerza activa que ordena el mundo interior alrededor de prioridades verdaderas como la libertad, la trascendencia o la ubicación correcta en el diseño del que somos parte. Como cuando un deportista entrena: en cierto modo sufre y hasta siente dolor, pero todo eso esta contenido por su intención y su deseo hasta convertirse en algo placentero; no es que disfrute el sufrimiento sino que una meta superior relativiza y pone en otra perspectiva ese sufrimiento.

IMÁGENES: Alberto Pancorbo

25.11.08

LA VIA DEL PRESENTE


EL ESTADO CREADOR
por Daniel Scian

La capacidad de crear es parte del equipamiento habitual de todo ser humano pero también lo es la necesidad de conservar equilibrios y estabilidades.


De hecho, uno de los grandes conflictos con los que debemos lidiar es el de hacer convivir en paz esas dos tendencias. Gurdjieff decía que Dios creó al hombre dándole un cordero y un lobo, y que el día del juicio final debe llegar con los dos animales vivos y bien alimentados.

La tendencia a estabilizar es nuestra parte conservadora, es aquello que nos hace rechazar lo nuevo por temor a perder lo conquistado, es “mas vale pájaro en mano…”

Si solo estuviéramos dotados de este impulso hace rato nos hubiéramos extinguido porque no es posible evolucionar y sobrevivir sin adaptación, y adaptación es creación: de nuevas condiciones, respuestas, recursos, acciones, etc.

Solemos atribuir la creatividad solo a los artistas, y eso es un error que se explica por la fragmentación del conocimiento que se dió en nuestra civilización. Para hacer avanzar el conocimiento se operó una división entre ciencia, filosofía, arte y religión, y cada una de ellas evolucionó con cierta independencia de las otras logrando un gran desarrollo. Pero nunca dejaron de ser parte del árbol del conocimiento, elementos de una sola y misma actitud y necesidad: la de la búsqueda de la verdad.

Estamos en una era de síntesis, una época de integración y unificación del conocimiento, de modo que aquellas divisiones buscan reunirse nuevamente en el todo del saber; pero esa tendencia se encuentra en las disciplinas que evolucionaron realmente. Las que se estancaron siguen reclamando su lugar único y una potestad ridícula desde la cual todas las otras encontrarían su legitimación. Ingenuidad e ignorancia son los alimentos de esta locura que se instaló en las partes más violentas y torpes de aquellas disciplinas. Tanto en la ciencia como en la religión, filosofía o arte, hay quienes solo quieren continuar la división desde la supuesta superioridad de su parcela.
En suma, el prejuicio de atribuir la creatividad a los artistas o a otros que no sean el común de los mortales se explica por esta tradición de caminos divididos.
Dicho esto debemos meternos de lleno en comprender esto de la creatividad.

Mi definición de creatividad es quizás demasiado técnica pero sigue pareciéndome simple y practica: creatividad es la capacidad y la función de generar contextos.

Generar las condiciones para que algo sea lo que es, eso es crear.

A veces, esas condiciones son complejas y por momentos todo depende de algún factor crítico que aparece como “lo que hay que crear”. Quien inventó la máquina de coser se encontró con un obstáculo: la aguja convencional no permite automatizar la costura. Enfrascado en la búsqueda de la solución pero sin resultados, una vez soñó que estaba entre unos indios que danzaban con unas peculiares lanzas que tenían un agujero en la punta… y esa fue la ingeniosa solución del problema, cambiar el lugar del ojal de la aguja, que se había convertido en el factor crítico que impedía el progreso de la invención.

17.11.08

LA VIA DEL PRESENTE

EL CUERPO ESPIRITUAL
por Daniel Scian

Hasta aquí hablamos de cuerpo físico, mental y emocional.Y todo lo que se llama espiritual queda todavía separado como antes lo estaba “lo mental”. El concepto correcto acerca de la realidad tiene que ser el de Unidad. Toda dualidad es un problema que intentan resolver desde su comienzo tanto el pensamiento científico como el filosófico. Por lo tanto, todo eso que entra en la idea de lo espiritual tiene, forzosamente, que estar aquí, en este mundo. O sea, tiene que tener un cuerpo.


Esto puede sonar poco misterioso, solemne o algo así, pero es seguro que permite volver concreto, accesible, real, al espíritu. Al fin y al cabo, espiritual quiere decir perteneciente a otras dimensiones, fuera de las cuatro conocidas.

Tarde o temprano llegaremos a incluir el espíritu en el mundo concreto, como fuimos integrando los niveles anteriores. Sucesivas revoluciones del pensamiento fueron sacándonos del puesto ingenuamente central del universo en el cual nos creíamos ubicados y, por ese camino entenderemos nuestra verdadera importancia como parte de un diseño mayor.

Por ahora persiste el divorcio entre ciencia oficial y espiritualidad, y la ciencia es la que mantiene el juicio hostil mientras que los que encarnan la espiritualidad oficial vuelan en nubes de ignorancia que vuelven justa dicha hostilidad.

El pensamiento “moderno” interpreta el hecho de que todas las culturas, civilizaciones, tribus, razas y generaciones humanas hayan tenido un lugar para lo espiritual, como el aspecto infantil o primitivo del hombre. Esta idea se encadena con su consecuencia: a fuerza de razón superaremos esas puerilidades y llegaremos a la verdad última del mundo que, por supuesto, tiene que ser lógica.

… Eso es un magnifico pensamiento infantil, además ignorante de ciertos datos que hoy llevan a cambiar las bases de la ciencia y la filosofía.

Quiero decir, desde que la investigación de cerebros escindidos (cerebros en los que se dividió la función de ambos hemisferios por medios quirúrgicos) reveló que lo que llamamos lógica radica en el hemisferio izquierdo, nos vemos obligados a aceptar que la lógica es solo la mitad del mundo real. Estamos hechos de un modo ajustado a la realidad, nuestro cuerpo no es una hipótesis, un diseño experimental que puede fallar, sino el resultado de experimentos exitosos de millones de años. Por lo tanto, si este cuerpo atribuye a lo lógico la mitad de su control… debe ser porque la otra mitad del mundo no es lógica, y esto no equivale a ilógica o contra la lógica, sino que se refiere a otros modos de ser de las cosas que van mas allá de la lógica, integrándose de algún modo con ella.

En la física, el desarrollo de la mecánica cuántica mostró este problema: la coexistencia de leyes y principios diferentes y, en apariencia, hasta contradictorios, en forma armónica, en un equilibrio sustentado por algo aún desconocido.

La idea de mas dimensiones, de otras dimensiones aparte de las espaciales de largo, ancho, alto y el tiempo, ya no es un antojo de la fantasía sino una necesidad de la lógica para reubicarse en el mundo verdadero fuera de su lugar ingenuo mantenido por siglos, lugar que no puede disputarle a la espiritualidad sin que ambas pierdan, porque si el mundo fuera solamente lógico o solamente espiritual, ¿de dónde, para qué y por qué surge y persiste el otro modo? Basta con que aparezca la idea de uno o de otro modo para que los dos tengan que tener un fundamento o excluirse mutuamente sin éxito.

Y, como vamos viendo, hoy tenemos elementos para entender esta dualidad como producto de nuestros mismos instrumentos de percepción y de pensamiento. Como pensaba Kant, espacio y tiempo son solo categorías dependientes de nuestra estructura como seres y no necesariamente existentes del mismo modo en el mundo.

La manera en que entendemos las cosas depende de los instrumentos que usemos para conocerlas. Un rayo nos aparece como una imagen, un sonido o una descarga eléctrica, etc. El rayo es todo eso, pero para quien lo ve de lejos es solo imagen y para quien le cae un rayo encima es muchísimo mas que todo eso. Si seguimos sumando, vista, oído, olfato, razón, intuición, etc., etc., nos da como resultado: todo lo que el hombre es como instrumento de conocimiento.

Ahora, si ponemos al hombre en el lugar que le atribuye la lógica lo veremos como un bichito insignificante en la vastedad de las galaxias. Pero algo nos dice -tanto desde la lógica como desde lo espiritual- que no somos tan insignificantes, y la solución de este aparente dilema esta en agregar más dimensiones y comprender que tenemos dos tipos de mente coexistiendo.

Una es la mente racional, que nos permite pensar y obrar en los modos habituales, y otra es aquella que se manifiesta solo en ocasiones y que nos hace sentir que ya conocemos al mundo como totalidad. La primera es la mente menor y la segunda es la mente mayor.

La mente mayor es la que está conectada al universo, al todo.

10.11.08

LA VIA DEL PRESENTE

LOS CUERPOS
por Daniel Scian

Un cuerpo es algo que se hace presente y manifiesto en estas dimensiones que conocemos y experimentamos.
Todas mis ideas sobre el mundo existen por mi cuerpo y en mi cuerpo.
La comprobación dramática de esto es el dolor.
Un dolor de muelas (elocuente como pocos) es capaz de borrar nubes enteras de pensamientos, especulaciones y teorías. Lo que existe en el mundo tiene un cuerpo.
Ahora bien, es posible que existan cosas que no percibimos ni conocemos, por nuestras limitaciones perceptivas, y que, por lo tanto, tienen un cuerpo desconocido o desapercibido para nosotros. Yo se que en el aire hay agua pero no la veo. En determinadas condiciones climáticas el agua toma la forma, visible para mí, de niebla, toma cuerpo.
Del mismo modo, todos mis pensamientos y mis emociones existen, lo se, pero se manifiestan como fantasmas, cuando ellos quieren, como ellos quieren, con sus condiciones y reglas. Pero yo se que tienen un cuerpo aunque no lo perciba, y si trato de darles una manifestación a través del cuerpo que conozco podré “manejarlos” como a el; “mover” pensamientos y emociones como brazos y piernas.
Cuando alguien dice “estoy enamorado” y pone su mano en el centro del pecho, nos resulta natural esa señal corporal. Si la mano fuera al hígado o a la cabeza nos daría risa o creeríamos que hay un error en la escena. Puesto que reconocemos que las emociones, los sentimientos, tienen asiento en esa parte del cuerpo, el pecho, del mismo modo que los pensamientos en la cabeza, y por eso es coherente rascarse la cabeza mientras se intenta resolver un problema o una cuestión de razonamiento.
El lenguaje corporal nos presta instrumentos de manifestación para percibir eso que pensamos que no tiene cuerpo. Pero, ¿y si lo tuviera?, ¿y si hubiera un cuerpo emocional, un cuerpo mental?


Para poder imaginar esto pensemos en la idea de sistemas o aparatos que emplea la anatomía y la fisiología. Tenemos un aparato digestivo, un sistema nervioso… De este modo pensó Freud al hablar de un “aparato psíquico”, pero se quedo corto por sus limitaciones ideológicas ligadas a los limites del pensamiento de la época. Es decir, amontono todo lo que no es físico y lo llamo así. Basta hilar un poco mas fino para concebir estos “nuevos” cuerpos, cada uno con sus propios órganos, sistemas y aparatos.
Hay en Oriente –en la India, en el Tibet, en la China- una larga tradición de trabajo sobre esos cuerpos, como gimnasias, masajes y todo lo que conocemos para abordar el cuerpo físico, pero para esos otros.
En Occidente también tenemos procedimientos parecidos pero no hay una tradición fuerte de elaborar conceptos alrededor de los mismos. Cuando se trata de la meditación, que encuentra su territorio en lo religioso solamente, toda consideración acerca de ella es meramente intelectual, es interpretación y nada más. No es fácil encontrar técnicas desarrolladas como un trabajo con un cuerpo. La hipótesis de los cuerpos reordena todo lo que sabemos en un modo práctico y sumamente efectivo para operar sobre los pensamientos y las emociones.
Pensar y solo pensar puede, en el mejor de los casos, hacer surgir alguna emoción, pero difícilmente permita actuar con eficacia sobre las circunstancias de nuestro mundo interno.
La imaginación, cuando funciona dirigida por intenciones precisas y en condiciones ordenadas y correctas, es decir, de un modo conciente y voluntario, puede ser un instrumento maravilloso y simple puesto que recupera su lugar natural, el de herramienta para manifestar lo no conocido o no percibido. Pero esto es tema de un próximo capitulo.


Pinturas de DALI


4.11.08

LA VÍA DEL PRESENTE

LA RESPIRACIÓN
por Daniel Scian

El verbo respirar tiene muchos tiempos pero la respiración solo puede ocurrir en el presente. Esta es una de las claves para entender por que respirar es quizás la función más importante para nosotros.
Si al hecho automático de inhalar y exhalar le agregamos la conciencia de lo que estamos haciendo, abrimos una puerta al estado de presencia, despertamos la memoria del presente. Es por eso que en muchas técnicas de meditación se recalca la función respiratoria. El ejemplo mas notable es el del Yoga, que, en su modo de óctuple sendero propone, un cuarto paso que es el control de la respiración o pranayama. Esta palabra sánscrita esta formada por otras dos: prana, que significa energía, y yama que significa norma, control o prescripción. Es decir que todo el tiempo estamos refiriéndonos al control de algo más que el aire; al manejo de la energía.
Pero ¿qué es la energía?, ¿de que hablamos cuando decimos energía?
Las respuestas no pueden venir de las (aun) conjeturas de la ciencia pretendiendo ser verdades absolutas ni de la actitud presuntuosa de la postura anticientífica que afirma con arrogancia un montón de fantasías inútiles.
La tradición de un conocimiento antiguo trasmitido, a través de los siglos, por un mecanismo infalible que consiste en maestros que elevan a ciertos discípulos a su nivel de ser, es la fuente más confiable. De hecho, esa tradición ha dado anuncios, a lo largo de la historia, de ideas, datos, conceptos y realidades que solo tiempo después encontraron su validación por la ciencia. Tal es el caso de la teoría de la evolución, la existencia de once dimensiones en el universo y (aun en pañales para nuestra ciencia, pero ya nacida) la certeza de que todo es energía y de que todas las energías conocidas deben ser, en algún origen, una sola y primordial.
Pero no se trata de buscar fuentes de autoridad para someterse a ellas, sino de guías confiables para comenzar a experimentar. La experiencia es la autoridad final.
En todas las culturas se hace referencia a una forma de energía, sutil pero poderosa, ligada a la respiración, la luz, el sol, la piel, el aire. En la India es llamada prana, en Japón, China y la Polinesia, ki, chi y mana, respectivamente.
Cada respiración es un prodigio por el cual intercambiamos, químicamente, gases útiles y de deshecho, y captamos “alquímicamente” esa energía. Lo alquímico esta en actuar en un orden superior (la energía) a través de uno inferior (el aire) y en poder manipularlos. Respirar mecánicamente es un hecho químico, hacerlo concientemente es un proceso que permite acumular energía para luego usarla. Esta también es una forma de memoria en la que es posible traer al presente y ubicar, donde sea necesario, algo guardado antes.
Una intención clara y fuerte es capaz de recuperar la energía almacenada para ponerla al servicio de la acción en el momento indicado, de modo que respirar se vuelve, cuando le agregamos la conciencia, la voluntad y la intención, un instrumento poderoso para llevarnos mas allá de los limites ordinarios, lograr por nosotros mismos eso que buscamos afuera y que pedimos a otros: la capacidad de “hacer”.


27.10.08

LA VIA DEL PRESENTE

LA MEMORIA DEL PRESENTE
por Daniel Scian

Para soñar con un mundo mejor, sentir nostalgia por los días en que paseábamos con mi primera novia tomados de la mano, concentrarme en mis fantasías alrededor de las próximas vacaciones o rumiar las palabras de alguien que hablo mal de mi, para todo eso es imprescindible no estar en el presente, es decir, hace falta viajar e instalarse en esos otros tiempos, ejercer la memoria de esos pasados y futuros.
La memoria del presente, en cambio, actualiza la experiencia de estar aquí y ahora, implica un abandono de los otros tiempos, exige volver de ellos para estar presente.
Cuando un niño se encuentra absorto en su juego o dibujando se lo ve en ese estado que bien podemos calificar de alterado (para nosotros). La lengua afuera, la mirada perdida pero como mirando algo invisible o fundida en los objetos del juego, movimientos intensos que parecen ligados a otras dimensiones.
Esta imagen permite recordar nuestros propios momentos de memoria del presente, reconocer esa sensación de tiempo disuelto, de que los limites claros entre pasado y futuro se borran y todas las cosas aparecen en el presente solo que a diferentes “distancias” de uno; es que el tiempo desaparece como categoría y la experiencia transcurre centrada en la vivencia de espacialidad.
Cuando se fuma marihuana o se bebe alcohol también surge esa particular alteración del tiempo y del espacio, es decir, la expansión de la experiencia de espacio por sobre la sensación de tiempo.
Esto demuestra que todas estas cuestiones de las memorias no ocurren en un mundo imaginario o teórico sino que son parte del mundo real, están en nuestra constitución neurológica, son parte de lo que le pasa al cuerpo. Al cuerpo como intersección de múltiples dimensiones, mundos y categorías, pero cuerpo físico de todos modos.
Un efecto de algunas sustancias químicas, como el alcohol, sobre el cerebro, es el adormecimiento de funciones habituales como la vivencia del tiempo, con la consiguiente liberación de otras funciones que estaban dominadas o superadas por las anteriores. Ocurre que la sensación de tiempo se produce en el hemisferio izquierdo, dominante, y en relación con el lenguaje: el lenguaje se produce en forma secuencial, en el tiempo, una palabra después de la otra. Por lo tanto, si adormecemos el cerebro, primero se debilitan las funciones dominantes permitiendo la liberación de otras subordinadas. Así parece despertarse la espacialidad. Parece solamente, puesto que es todo el cerebro que se debilita. Es como cuando escucho la radio en el auto: al apagar el motor parece que el volumen subiera cuando en realidad es solo un efecto de diferentes contrastes. Esto es fundamental para entender por que no es conveniente el uso de sustancias para el supuesto despertar de la creatividad. Eso que parece despertar esta tan dormido como lo otro. En otras palabras, si alguien logra activar o liberar modos mas creativos de pensamiento por el uso de sustancias, debería saber que lo que se activo tiene muchísimo mas alcance pero no disponible en ese estado. Si Jimmy Hendrix hubiera podido seguir sin drogas hoy conoceríamos fenómenos musicales inconcebibles para la mente ordinaria. En general, el alcohol y otras drogas sirven para aplacar y debilitar a fuerzas opresivas internas, lo que en el psicoanálisis se conoce como el superyo, es decir, estructuras ordenadoras del mundo interno que, a veces, se convierten en poderes tiránicos a fuerza de prepotencia, desvalorización y juicios de todo tipo. Fluir en la libertad creadora del artista supone violentar muchos de esos ordenadores interiores, romper estructuras incorporadas del mundo y eso equivale a una guerra de independencia. Y así como un país no puede crecer ni brillar estando en guerra, un ser creador no puede crecer ni brillar en una lucha constante contra el superyo. Hace falta, a menudo, una lucha de liberación que permita fundar una nueva nación, pero inmediatamente debe comenzar a bailar sus propias danzas, escribir sus canciones con placer y orgullo. A partir de esa situación de libertad y paz es posible un arte maduro y trascendente.
La memoria del presente es algo que todos conocemos pero que también sabemos esquiva y fugaz. Puesto que estamos llenos de estructuras ordenadoras, no es fácil fluir en el estado de presencia sin hacer una reingeniería interna de esas estructuras. Y el guardián de ese orden es el mundo de la mente racional e ideológica con su brazo armado, el mundo de las emociones. Pero eso es tema de otro capitulo.

18.10.08

LA VIA DEL PRESENTE

EL RADAR TEMPORAL
por Daniel Scian

Los delfines y los murciélagos tienen un sistema de orientación espacial consistente en un tipo de sonido proyectado hacia los objetos que, al rebotar en ellos, vuelve y es procesado por el cerebro dando la certeza de a qué distancia se encuentra dicho objeto. Ese mismo principio es utilizado por los radares, sonares, ecosondas, etc. Un avión o un barco se orientan de ese modo.

Pues bien, los seres humanos tenemos una especie de radar temporal, o sea, un mecanismo que envía “sensaciones de futuro” hacia las cosas y las situaciones. Al “rebotar” en ellas, esas sensaciones vuelven a nosotros para construir certezas acerca del futuro.

Si, lo se, no parece fácil de entender. Confieso que hasta me parece estrafalario así descrito. Pero, adelante mis valientes, intentemos explicaciones más claras o ejemplos.

Cuando una chica recibe el llamado de un chico que le gusta y que la invita a salir esa noche, sabemos que el resto del día estará influido por esa invitación. La expectativa girando alrededor de la salida futura se hará sentir en cada momento previo a la misma, cancelará otros compromisos, pensará en cosas diferentes a las que pensaría si esa noche tuviera que visitar a su abuelita, y sentirá, respirará, hablará, etc., de modos diferentes también. Es su “sensación de futuro” proyectada hacia el mundo, que vuelve en forma de invitación-a-salir-con-el-chico-que-le-gusta, lo que definirá su presente en cada momento de ese día.
Del mismo modo, continuamente estamos proyectando sensaciones acerca del futuro. Digo sensaciones porque no llegan a ser ideas o pensamientos. Y todo el tiempo vuelven a nosotros modificando nuestro momento presente… y el pasado.
También proyectamos sensaciones acerca del pasado como parte del mismo mecanismo, pero es la dirección hacia el futuro la que actúa en forma constante y, a su vez, influida por el pasado: no es lo mismo si la chica tiene un pasado de desencantos amorosos que si es la primera salida o si se siente una estrella glamorosa por sus anteriores y abundantes invitaciones.

El radar temporal hace que la proyección al futuro de alguien que esta deprimido choque como contra un muro muy cercano, lo cual se siente como falta de expectativas, sensación de “no vale la pena” y, por lo tanto, de horizonte cerrado y oscuro. Como consecuencia, la proyección del radar se volcará mas hacia el pasado y dará lugar a la nostalgia melancólica, a pensamientos ligados a cosas ya lejanas en el tiempo, culpas y remordimientos, repeticiones, reelaboraciones y revisiones de lo vivido que exasperan y debilitan aun mas.

El náufrago vive en función de su virtual rescate o de la certeza de estar abandonado sin remedio, es decir, de que no habrá regreso.

Las casas que se hacían a principios y mediados del siglo XX en muchos lugares de la Patagonia eran precarias no por cuestiones económicas sino por su carácter de transitorias dado que sus habitantes tenían en mente quedarse allá solo por un tiempo y luego partir. Muchos de ellos vivieron definitivamente en esas casas siempre provisorias.

Escuchar la radio por la mañana para saber como estará el tiempo, controlar el aire de los neumáticos antes de partir, poner -siendo invierno- la malla en la valija cuando se viaja a otro hemisferio, comprar, en enero, una agenda que llega hasta diciembre… son algunos de los infinitos ejemplos de la acción del radar temporal.

Casi no existen actos de puro presente en nuestras vidas o, en todo caso, hasta esos posibles actos estarán invariablemente influidos por el radar temporal.

30.9.08

LA VIA DEL PRESENTE

MEMORIA - por Daniel Scian



Todo es memoria,

todo es recuerdo

de algo,

no importa en que

tiempo se encuentre.


Nuestra estructura física, biológica, nos permite existir solo en el presente, guardar el pasado en un
depósito y crear el futuro en otro.
Los otros tiempos, los que no son reales, es decir, el pasado y el futuro, están hechos de la materia de nuestra experiencia, se construyen continuamente por medio de lo que nos sucede a cada instante. La música que estoy escuchando en este preciso momento me hace evocar fragmentos nebulosos de pasado mezclados con otros fragmentos nítidos, y condiciona mi sensación de futuro, o sea, la expectativa que conduce mis actos. De hecho, escucho Pink Floyd… y partículas de distinto tamaño de los años setenta aparecen a mi alrededor haciendo que mi tarde se llene de un horizonte mágico que me da ganas de escribir pensando en comunicar sensaciones bellas y sin tiempo y… Si estuviera leyendo un texto de medicina seguramente se harían presentes en alguna forma los tiempos de la facultad con un dejo de preocupación girando alrededor de mi agenda de consultorio y esas cosas.

Cuando tocamos algo, cuando olemos o miramos, la sensación lleva dentro una carga constante y variable de tiempos cercanos o distantes pero no presentes, y ellos influyen en el presente real. Es conocido el fuerte efecto evocador del olfato, la inevitable reminiscencia de algún vago recuerdo por efecto de ciertos perfumes o simplemente olores de lugares o ambientes. Jazmines, madera, cebolla cocinándose, cloro, rosas, tabaco, lavanda, aire antes de la tormenta… la lectura de estas palabras solamente ¿no te llevó de un lado a otro del abanico de recuerdos fuertemente ligados a los sentidos? Y si te detuvieras en alguna de esas palabras abrirías una corriente de expectativa inevitable, una proyección subterránea a futuros diversos. Desde “¿qué comeré esta noche?” hasta “menos mal que deje de fumar y espero que eso me haga mas longevo”, pasando por “cerrare la ventana por si llueve”.
Todo esto ocurre, como dije, en forma subterránea, oculta, no somos concientes de esto y solo mediante cierto esfuerzo podemos darnos cuenta. De modo que cuando hablamos de memoria nos referimos a un fenómeno múltiple y no solo a recordar el pasado. La proyección, la sensación del futuro, eso también es una memoria; es memoria del futuro (así llamaba Borges a la esperanza…). Y cualquier cosa que traigo al presente es memoria.

Pinturas de Roberto Wong