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21.12.08

UN CUENTO DE NAVIDAD


La música que salía de la casa
por Paulo Coelho

Como siempre hacía la víspera de Navidad, el rey invitó al primer ministro a dar un paseo por la ciudad. Le gustaba ver cómo adornaban las calles, pero para evitar que sus súbditos se excedieran en los gastos con el objetivo de agasajarlo, solían disfrazarse con ropa de comerciantes que venían de tierras lejanas.
Caminaron por el centro, admirando las guirnaldas de luz, los abetos, las velas encendidas en las entradas de las casas y los puestos de venta de regalos. Todo el mundo, hombres, mujeres y niños, se apresuraban a reunirse con sus familiares para celebrar esa noche en torno a una mesa repleta.
En el camino de regreso pasaron por el barrio más pobre. Allí, el ambiente era completamente distinto: nada de luces, velas, ni el olor apetecible de la comida lista para ser servida en la mesa. No había casi nadie por la calle, y como hacía todos los años, el rey comentó con el ministro que debía prestar más atención a los pobres de su reino. El ministro asintió con la cabeza, convencido de que pronto el asunto sería olvidado de nuevo, enterrado en la burocracia cotidiana, la aprobación de presupuestos y las reuniones con dignatarios extranjeros.
De repente oyeron una música que salía de una de las casas más pobres. La chabola, mal construida, con varias grietas entre las maderas podridas, les permitía ver lo que sucedía en el interior, y comprobaron que la escena que allí se desarrollaba era completamente absurda: un viejo en una silla de ruedas que parecía llorar, una joven completamente calva que bailaba, y un muchacho de mirada triste que tocaba un tamborín y cantaba una canción tradicional.
--Voy a ver qué pasa –dijo el rey, y llamó a la puerta.
El joven dejó de cantar y fue a abrir.
--Somos mercaderes y buscamos un lugar para dormir. Hemos oído la música, hemos visto que todavía estáis levantados y nos gustaría saber si podríamos pasar aquí la noche.
--Pueden quedarse en algún hotel de la ciudad. Desgraciadamente, no podemos ayudarlos; a pesar de la música, en esta casa reina la tristeza y el sufrimiento.
--Por mi culpa –era el viejo de la silla de ruedas el que hablaba--. Durante toda mi vida he intentado darle educación a mi hijo para que aprendiese caligrafía, para que fuese uno de los escribas del palacio. Sin embargo, los años pasaban y no volvieron a ofertarse nuevas plazas. Hasta que anoche tuve un sueño estúpido: un ángel aparecía y me pedía que comprara una copa de plata, ya que el rey iba a venir a visitarme, a beber un poco y a conseguir un empleo para mi hijo.
»La presencia del ángel me pareció tan real que decidí hacer lo que me decía. Como no tenemos dinero, mi nuera fue esta mañana al mercado, vendió su pelo y compramos esa copa de ahí. Ahora intentan levantarme el ánimo, cantando y bailando porque es Navidad, pero es inútil.
El rey vio la copa de plata, pidió que le sirvieran un poco de agua porque tenía sed y, antes de marcharse, le dijo a la familia:
--¡Qué coincidencia! Hoy mismo hemos estado con el primer ministro y nos ha dicho que las plazas se van a ofertar la semana que viene.
El viejo sacudió la cabeza con incredulidad y se despidió de los extranjeros. Pero al día siguiente fue leído un decreto real por todas las calles de la ciudad: buscaban un nuevo escriba para la corte.
El día previsto, la sala de audiencias estaba atestada de gente deseosa de competir por tan ansiado cargo. Cuando el primer ministro entró, les pidió a todos que prepararan sus cuadernos y sus bolígrafos.
--Éste es el tema de la disertación –dijo--: ¿Por qué un anciano llora, una mujer calva baila y un muchacho triste canta?
Un murmullo de asombro recorrió la sala: ¡nadie sabía contar una historia como ésa! Nadie, salvo un joven con ropa humilde, sentado en un rincón de la sala, que sonrió y empezó a escribir.

(Basado en un cuento indio)

Gracias Charly!

22.10.08

CUENTO - AQUEL QUE VIENE DE LEJOS

De "La Teoría del Todo", Prof. Juan Felipe Quintero Acuña, Miami - 2007



Una vez, de un mundo que está mas allá de las estrellas, vino un hombre del país de la Luz para tomar de la Tierra una preciosa joya que estaba custodiada por una peligrosa serpiente.
Cuando llego al país donde estaba la joya cambio su fisonomía para que la gente del lugar no se diera cuenta de que él venia de otro sito y se pusieran a la defensiva. Pero teniendo necesidad de alimentarse como ellos y debido al hecho de encontrarse en su misma atmósfera, cayó en un estado de sueño y olvidó su misión.

Encontró a otros que lo reconocieron y le advirtieron de su sueño, inútilmente.

En ese momento en el país de la Luz, el padre se dió cuenta de aquello que le había sucedido a su hijo y le envió rápidamente un mensaje, diciendo que debía despertarse y continuar su misión.
El mensaje lo escuchó y en su mente empezó a aflorar el recuerdo de su origen. Él despertó. Tomó la joya y mató a la serpiente. Entonces cambio nuevamente su fisonomía como la gente del país de la Luz.

Cuando llegó a su casa reconoció su origen con mayor claridad que cuando allí vivía.

15.10.08

LA HISTORIA DEL TÉ


En tiempos antiguos el té no se conocía fuera de China. Rumores de su existencia habían llegado a los sabios e ignorantes de otros países, y cada uno trataba de investigar qué era, de acuerdo con lo que querían o lo que pensaban que era. El rey de un país mandó un embajador con su comitiva a China y el emperador chino les dio té.
Pero al ver que también los campesinos lo bebían, llegaron a la conclusión de que no era digno de su amo real y, además, que el emperador chino estaba tratando de engañarlos, haciendo pasar otra sustancia por la bebida celestial, de la que tanto habían oído.
Un filósofo, el más grande de otro país, recolectó toda la información que pudo encontrar sobre el té y luego llegó a la conclusión de que debía ser una sustancia que raramente se encontraba y que era diferente de las que hasta entonces se conocían. Pues, ¿No se hacía referencia a ella como una hierba, un agua verde, negra, a veces amarga y a veces dulce?
En otros países, durante siglos, la gente probó todas las hierbas que podía encontrar. Muchos fueron envenenados, todos estaban desilusionados, pues nadie había llevado la planta de té a sus tierras, y, por tanto, no la podían encontrar. También inútilmente bebieron todos los líquidos que pudieron encontrar.
En otro territorio, una pequeña bolsa de té era llevada continuamente en procesión, ante el público, mientras ellos caminaban hacia sus observancias religiosas. Nadie pensaba en probarlo. En verdad nadie sabía cómo hacerlo, o que se podía hacer, todos estaban convencidos de que el té mismo tenía una cualidad mágica. Un hombre sabio les dijo: "Viertan sobre ella agua hirviendo, hombres ignorantes".
Rápidamente lo colgaron y lo clavaron en alto, porque hacer esto, de acuerdo con sus creencias, conduciría a la destrucción de su té. Y esto mostraba, por lo menos para su propia satisfacción, que él era un enemigo de su fé.
Sin embargo, unos cuantos, que lo habían escuchado antes de morir, pudieron obtener algo de té y beberlo en secreto. Cuando alguien les decía: "¿Qué están bebiendo?" contestaban: "Es solamente una medicina que tomamos para cierta enfermedad".
Y así sucedía en todo el mundo.
El té había sido visto crecer por algunos que no lo reconocían.
Había sido dado a otros a beber, pero ellos creyeron que era la bebida de la gente común.
Había estado en posesión de otros, que lo veneraban, así como a su recipiente.
Fuera de China sólo unos cuántos en verdad lo bebían, y esto solamente ocultándose.
Fue entonces que vino un hombre de conocimiento profundo, y les dijo a los vendedores de té, a los que bebían té y a otros: "Aquel que prueba sabe. Aquel que no prueba, no sabe. En vez de hablar sobre la bebida celestial, no digan nada, sino ofrézcanla a sus invitados. Aquellos a quienes les guste, pedirán más; aquellos a quienes no les guste, demostrarán que no son aptos para ser bebedores de té.
Cierren la puerta del argumento y del misterio.
Abran la casa de té de la experiencia".

Después de esto, el té fue llevado de un punto a otro en la ruta de la seda, siempre que un mercader de jade, o piedras preciosas, o seda, paraba a descansar, hacía té y lo ofrecía a quien estuviera cerca, así estuviese en conocimiento del té o no. Este fue el principio de las Chaikhanas, las casas de té que fueron establecidas por todo el camino desde Pekín a Bokhara y Samarkanda; todos aquellos que probaban, sabían.