27.3.09
23.3.09
ESTRENO DOCUMENTAL "HIELOS MITICO

Desde la antigüedad el hombre ha intentado descubrir y desentrañar los misterios de un continente tan especial como la Antártida y la Argentina no ha estado exenta de ese interés y es así que comienza a tener una presencia permanente desde principios del siglo pasado, dando inicio a toda una generación de exploradores antárticos.
Este film narra, a lo largo de una travesía sin igual, a bordo del Rompehielos ARA Almirante Irizar, durante la última etapa de la Campaña Antártica de Verano 2006/2007, comandado por el Capitán de Fragata (R) Expedicionario al Desierto Blanco D. Guillermo Alejandro Nelson TARAPOW, la belleza de este territorio cuya importancia ya nadie desconoce por ser el poseedor de la mayor reserva natural más importante para la vida: el agua.
Este documental de Daniel BAZAN fue estrenado el pasado dia jueves 19-mar-2009, en forma simultanea en la Sala "Latitud 90" de la Base Jubany de la Antártida Argentina y en la Ciudad de Buenos Aires en el Complejo "Tita Merello" - Suipacha 442.
Auspició la realización de este documental el Ministerio de Relaciones Exteriores (Dirección Nacional del Antártico), FADU-Universidad de Buenos Aires y fue declarado de interés por el Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales (INCAA), con el apoyo económico de las empresas INVAP Ingeniería, Bio Sidus, Abanico Films y BCNIS Internet Solutions.
Información al respecto, ingrese a: www.hielosmiticos.com.ar
22.3.09
LOVE ACTUALLY
Y para quienes si la vieron, esto para sonreir un rato!
21.3.09
LA VIA DEL PRESENTE
por Daniel Scian - danielscian@gmail.com
Lograr el equilibrio entre estos dos extremos es una tarea ardua como pocas y, lo peor, casi nunca nos damos cuenta de la necesidad de ese logro.
Toda la vida se desarrolla en grupos: familia, escuela, clubes, cárceles, monasterios, ministerios, amigos, enemigos, sectas, cofradías, y las mil variantes de todo eso. Y toda la vida andamos por ahí deseando diferenciarnos del grupo que sea, descollando, pasando desapercibidos, siendo víctimas o victimarios, buscando la soledad más absoluta o la gloria humana máxima.
Quien puede darse cuenta de la trampa que hay en esos extremos puede comprender la necesidad del equilibrio aquel y sabrá, tarde o temprano, que no hay salida en la soledad sino que el gran trabajo está en la vida en grupo.
Aquí empieza el gran lío. Uno busca siempre grupos a medida para no cambiar nada, para tener razón. Una hermandad que se plantea mis mismos principios, un club de cultores de mis mismos placeres, una escuela que desarrolle lo que yo ya sé que tengo que desarrollar (mi capacidad de cantar, mi condición de ingeniero o abogado o lo que sea, mi habilidad en el yoga). En un proceso contra la corriente es posible ver que se necesita aprender a ser UNO, individuo (sin divisiones) dentro del mundo, y que eso supone un trabajo de destrucción más que de construcción. Esa es la clave y por eso el gran error es el concepto de construir algo. Porque estamos férreamente entrenados para no perder, no cambiar, conservar, todo dentro de aquel impulso de ser uno mismo… una contradicción sutil y poderosa.
Los grupos de buscadores que se proponen estos cambios en sus integrantes se enfrentan a los mismos inconvenientes, porque tienden a conservar algo, una tradición, un cuerpo de creencias, un dogma, cuando lo único útil en esta tarea es la destrucción de todo lo aprendido que se opone al brillo de lo que uno es en esencia.
El grandísimo descubrimiento psicoanalítico de la transferencia es fundamental para entender esto: inevitablemente uno inviste a los otros –y aún más a los líderes, jefes y autoridades- con características y peculiaridades de gente que puebla nuestro mundo interno y nuestra historia personal. Por eso es que en todo grupo hay sometidos y sometedores, sumisiones y consecuentes rebeliones. Me someto al autoritarismo de un guía por su función paterna o al refugio de un jefe maternal. Pero quien dirija un proceso verdadero en un grupo que se proponga realmente liberar lo esencial en sus miembros no puede hacer otra cosa que salirse por todos los medios posibles de esos lugares regresivos de padre o madre. Y sus integrantes tienen en ello la batalla más difícil, la de descubrirse buscando lo errado y volver a los objetivos verdaderos, la de superar el jueguito de la alternancia entre sumisión y rebelión. Mientras yo le tenga miedo a mi guía tengo mucho por resolver, y en tanto siga en mí el impulso rebelde, seguiré anclado a mi lucha infantil por salir del cascarón.
La vida de cada uno es un plan de estudios bien organizado, pero siempre está la opción de abandonar y en ese caso la enseñanza queda invariablemente en manos del placer y del dolor. Por desgracia, el dolor es más elocuente y más didáctico que el placer.
No todo el mundo sufre esa lucha entre el impulso de la soledad y el de la integración; hay muchísima gente que vive naturalmente inmersa en el mundo, entre los otros, gente a la que le resulta extraña aquella dualidad y no logra comprenderla.
Estas personas tienen otro trabajo a realizar, puesto que necesitan concebir la idea de la soledad, de la posibilidad de estar a solas en uno mismo y de que eso sea algo bueno.
Todo el mundo social está diseñado para evitarlo, para salvarnos de caer en los oscuros abismos de nuestros interiores y todo está preparado para que nos sea infinitamente más fácil llorar por alguna discreta desgracia ajena que por algo propio. El instrumento máximo para lograr esta cirugía de la atención es la televisión. El prodigio de esta increíble máquina y maquinaria es que logra suprimir la culpa. La televisión nos deja sentir cualquier cosa sin culpa, desde perder absolutamente el tiempo –cosa altamente penada con el remordimiento más incisivo- hasta valorar lo más insignificante sin que ninguna prioridad se vea conmovida: puedo postergar un encuentro o conversación valiosos por un partido de loqueseabol, un programa “de interés general”, un desfile de modelos, sin sufrir. Si decidiera hacerlo –postergar eso- para estar solo en mi casa no tardaría en llenarme de cuestionamientos internos acerca de mi egoísmo o cosas “peores”.
Ocurre que la televisión constituye un modo de integración, es un estar con los otros y, por lo tanto, es un cumplir con el mandato de no apartarse. Claro que es un espejismo, una paradoja, pero funciona. Hace unos años había una propaganda de un programa de TV altísimamente inútil que decía: si no lo ves el sábado, ¿de qué vas a hablar el lunes?
Todo esto vale, claro, para la maquinaria, para el fenómeno social en que se ha convertido la TV, y no para la máquina, el instrumento en si.
En realidad, pasa con la TV lo mismo que con cualquier instrumento: el grupo, la aldea, la tribu mental protege a sus integrantes usando las cosas para aglutinar, unir, integrar, a como dé lugar, en un mecanismo simplificador y sin matices.
Las religiones, por ejemplo, fueron, en su origen, instrumentos para dar un salto evolutivo, para que las personas pudieran trascender, es decir, volverse individuos, indivisos, seres concientes y sin divisiones en su interior, capaces de alcanzar una integración máxima con el todo para rediseñar desde ahí, desde ese estado, todos los vínculos y, por supuesto, también los vínculos con los otros hombres. En su lugar, con una rapidez vertiginosa, han logrado volverse otras tantas maquinarias para la integración compulsiva y coercitiva, generadoras de nuevas tribus aisladas y combatientes entre si.
Y así con toda creación de la humanidad, desde la ciencia hasta el arte, pasando por la filosofía y la religión.
Es por eso que se vuelve tan necesario el trabajo en grupo, la tarea de reaprender a estar en el mundo, y en el primer mundo que habitamos, o sea, el del grupo humano.
Y es por eso que es tan difícil, tan lleno de trampas, fantasías e ilusiones que distraen y confunden.
Seguir las tres instrucciones básicas del Manual del Buscador sirve para cortar de raíz muchos de los modos de confusión, puesto que el esperar del otro es la causa fundamental del no hacer y no resolver de uno.
1) Asombrosamente, la vida en este siglo hace que tengamos una creciente distancia de todo lo real y natural. Un niño puede crecer “protegido” del mundo real, de la naturaleza, y llegar a adulto sin saber a ciencia cierta qué hay allá afuera. Salvo por las versiones que le llegan por los media, siempre instrumentos del grupo, de la tribu.
20.3.09
VOLVIENDO...
Se siente, les aseguro.
Mas ya volvimos.
Les dejo una canción que me gustó, por lo simple, como la vida misma.
Nos vemos mañana!
