4.11.08

LA VÍA DEL PRESENTE

LA RESPIRACIÓN
por Daniel Scian

El verbo respirar tiene muchos tiempos pero la respiración solo puede ocurrir en el presente. Esta es una de las claves para entender por que respirar es quizás la función más importante para nosotros.
Si al hecho automático de inhalar y exhalar le agregamos la conciencia de lo que estamos haciendo, abrimos una puerta al estado de presencia, despertamos la memoria del presente. Es por eso que en muchas técnicas de meditación se recalca la función respiratoria. El ejemplo mas notable es el del Yoga, que, en su modo de óctuple sendero propone, un cuarto paso que es el control de la respiración o pranayama. Esta palabra sánscrita esta formada por otras dos: prana, que significa energía, y yama que significa norma, control o prescripción. Es decir que todo el tiempo estamos refiriéndonos al control de algo más que el aire; al manejo de la energía.
Pero ¿qué es la energía?, ¿de que hablamos cuando decimos energía?
Las respuestas no pueden venir de las (aun) conjeturas de la ciencia pretendiendo ser verdades absolutas ni de la actitud presuntuosa de la postura anticientífica que afirma con arrogancia un montón de fantasías inútiles.
La tradición de un conocimiento antiguo trasmitido, a través de los siglos, por un mecanismo infalible que consiste en maestros que elevan a ciertos discípulos a su nivel de ser, es la fuente más confiable. De hecho, esa tradición ha dado anuncios, a lo largo de la historia, de ideas, datos, conceptos y realidades que solo tiempo después encontraron su validación por la ciencia. Tal es el caso de la teoría de la evolución, la existencia de once dimensiones en el universo y (aun en pañales para nuestra ciencia, pero ya nacida) la certeza de que todo es energía y de que todas las energías conocidas deben ser, en algún origen, una sola y primordial.
Pero no se trata de buscar fuentes de autoridad para someterse a ellas, sino de guías confiables para comenzar a experimentar. La experiencia es la autoridad final.
En todas las culturas se hace referencia a una forma de energía, sutil pero poderosa, ligada a la respiración, la luz, el sol, la piel, el aire. En la India es llamada prana, en Japón, China y la Polinesia, ki, chi y mana, respectivamente.
Cada respiración es un prodigio por el cual intercambiamos, químicamente, gases útiles y de deshecho, y captamos “alquímicamente” esa energía. Lo alquímico esta en actuar en un orden superior (la energía) a través de uno inferior (el aire) y en poder manipularlos. Respirar mecánicamente es un hecho químico, hacerlo concientemente es un proceso que permite acumular energía para luego usarla. Esta también es una forma de memoria en la que es posible traer al presente y ubicar, donde sea necesario, algo guardado antes.
Una intención clara y fuerte es capaz de recuperar la energía almacenada para ponerla al servicio de la acción en el momento indicado, de modo que respirar se vuelve, cuando le agregamos la conciencia, la voluntad y la intención, un instrumento poderoso para llevarnos mas allá de los limites ordinarios, lograr por nosotros mismos eso que buscamos afuera y que pedimos a otros: la capacidad de “hacer”.